sábado, 4 de junio de 2011

¿Qué podemos saber del psicoanálisis a través de una página web?.

Poca cosa, incluso el intento aclaratorio puede ser negativo. Esto no evita que se aporte un  poco de luz, especialmente para evitar los prejuicios y las valoraciones interesadas que se vierten sobre el tema.
De todos es sabido que  nuestra vida   sufre desajustes más o menos incapacitantes en relación a los afectos,  a los cuales les damos el nombre de enfermedades psíquicas. Unas son más alarmantes que otras, pero todas forman parte de una reacción o una respuesta interna de la persona; pertenecen en definitiva a nuestra propia novela familiar y son motivadas por el hecho de ser sujetos que se interrogan, seres deseantes. En las manifestaciones sociales, literarias o artísticas, desde que la humanidad es humanidad, hemos tenido oportunidad de ver reflejadas nuestras pasiones, por ello Freud decía que el psicoanálisis ya existía, sólo había que escribirlo. El psicoanálisis nace de la indigencia médica, de la incapacidad de la ciencia para dar respuesta a estos interrogantes desde su positivismo. Freud, médico, neurólogo abandona ese saber y se adentra en las profundidades del inconsciente elaborando una teoría completamente nueva. Por tanto el psicoanálisis es un método de investigación de las actividades inconscientes, es un corpus de saber sobre la vida psíquica y más allá y no exclusivamente, es un método de tratamiento de enfermedades.
La sexualidad, el pansenxualismo, el hecho de que todo descanse sobre la sexualidad, es tal vez una de las críticas más exacerbadas que se han vertido sobre el psicoanálisis. Nada más lejos de la realidad. Freud se encargó de diferenciar genitalidad (la sexualidad como reproducción) de la sexualidad, como conjunto de afectos que dirigimos a los otros o a nosotros mismos. Lacan remarcaría que no hemos inventado ninguna perversión nueva, quien quiera leer una sexología que le pueda excitar está perdido con el psicoanálisis, sería mejor que leyera el Kamasutra.
La cientificidad.  La física es el modelo más poderoso de conocimiento científico. El psicoanálisis no sigue este camino, ciertamente no se basa en el método nominalista de medidas e igualdades. Lo que Freud observaba en sus pacientes no tenía respuesta, ni la tiene, dentro del marco de la ciencia: las parálisis histéricas, la angustia, la depresión, las fobias, las psicosis, las ideas obsesivas, los lapsus, los actos fallidos, los sueños,… no encuentran sentido en el positivismo. El objeto del psicoanálisis es el inconsciente. Esto no quiere decir que el psicoanálisis y la ciencia estén en contradicción. Hoy la lingüística, la antropología, la topología y la lógica  matemática, la óptica, la filosofía… y otras disciplinas son usadas como recursos analíticos.
El dinero.     Otro de los achaques que se vierten sobre el psicoanálisis. Nadie negará el coste económico que supone un proceso de cura, pero ello no supone que sea elitista. Los psicoanalistas analizamos a pacientes de todas las clases sociales. Lo que sí sorprende es que al psicoanálisis se viene a trabajar y encima se paga; todo lo contrario que la norma en el mundo capitalista. ¿De cuánto está uno dispuesto a desprenderse para salir de su síntoma?. El dinero no está estandarizado, está bajo análisis y es un tema a tratar entre paciente y analista, por ello existe la oferta y la demanda. Lo que se paga y la manera de hacerlo forma parte del análisis.
El tiempo.   ¿Cuánto tiempo?. Diferenciamos tiempo cronológico de tiempo lógico. Es cierto que se requiere largo tiempo, pero siempre sujeto al avance del análisis y este depende de la palabra, del dicho del analizante, que no suele depender de la cantidad, sino del momento. Pero si comparan, no suele ser más largo que cualquier otro tipo de terapia. A nosotros nos interesa el tiempo  lógico como momento analítico, como momento de interpretación. El tiempo cronológico es medible, el lógico requiere de la sorpresa.
La cura.  Curar para nosotros no es adaptar al sujeto a la realidad, a la norma, a lo estipulado socialmente. No consiste en aconsejar, ni sugestionar, ni en conducir al sujeto hacia un ideal, menos aún al ideal del analista. Curar es enfrentar al analizante con la verdad de su deseo y con los significantes que han constituido su existencia. Lo que haga  con ella después, no nos concierne. Cada uno genera su propio modelo de vida. No es hacer consciente lo inconsciente, sino que la persona acceda a su propia verdad y comparta la existencia con ella.
La palabra.   La asociación libre es nuestro método. Hablar de aquello que motiva al que sufre. Hablar, algo tan fácil pero que cuesta tanto. Entre el decir y lo dicho hay una gran distancia. El sujeto sabe más de lo que dice y ahí está nuestro oído para devolver aquello a lo que somos sordos. La palabra no es la sugestión, ni el consejo, ni la penitencia. La palabra, el significante, es el vehículo del deseo. El medicamento es el silencio del síntoma, por ello no creemos en soluciones químicas para problemas psíquicos.


  ¿Qué les puede aportar el psicoanálisis? La experiencia de aquellos que han pasado por un proceso analítico pone de manifiesto opiniones bien diversas (es el caso por caso):

  Algunos comentan la resolución de problemas familiares y de un planteamiento vital diferente.

  Otros, planifican de manera distinta su relación afectiva, pacificando en cierta manera su relación con el amor, a veces a través de pactos con Eros.

  Los más, dicen haber hecho desaparecer sus angustias y en especial sus muchas somatizaciones: migrañas, jaquecas, dolores estomacales.

  También otros que cambian de manera radical su relación con el trabajo, sus inhibiciones laborales y sus situaciones estresantes.

  Evidentemente existen los críticos. Pero siempre, todos evidencian que es una experiencia ética única basada en la cura por la palabra.

PSICOLOGÍA TEORÍA DEL ELLOS,YO Y SUPER YO

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PSICOANÁLISIS TEORÍA DEL ELLOS ,YO Y SUPER YO

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PSICOANÁLISIS

"Dentro de la naturaleza humana se halla el que nos inclinamos a considerar equivocado lo que nos causaría displacer aceptar como cierto." (Sigmund Freud)
El Psicoanálisis es, a la vez,  un conjunto de teorías psicológicas, un método de investigación y un método psicoterapéutico creados por Sigmund Freud.
Sigmund Freud (1856-1939) nació en Moravia. A los cuatro años se estableció en Viena con su familia. Allí pasó la mayor parte de su niñez y adolescencia. Estudió Biología y Medicina, especializándose en Neurología.
En 1885 viaja a París para completar sus estudios. Allí trabaja a las órdenes de un médico bastante innovador llamado Charcot.
Charcot pensaba que algunas enfermedades mentales no tenían una causa orgánica sino psicológica, y se mostraba interesado en la utilización de la hipnosis como método terapeútico.
Con Charcot, Freud se inicia en el estudio de la histeria y en la aplicación de la hipnosis como terapia. La influencia de Charcot será fundamental para estimularlo a separar lo psicológico de las ataduras de lo anatómico y la hipnosis será la puerta de entrada que lo llevará a la postulación del inconciente.
Freud observa, por citar un ejemplo, a una persona a la cual, en pleno trance hipnótico, se le ordena que lo primero que hará al salir del trance será buscar un paraguas y salir a la calle. Efectivamente, ni bien "despierta" esto es lo que hace la persona, toma un paraguas y se dispone a salir a la calle. Cuando se lo interroga por los motivos de tal acto, teniendo en cuenta que se trataba de un día de pleno sol, la persona, luego de titubear unos segundos, contesta que creía haber leído en el periódico el anuncio de posibles lluvias. Este tipo de experiencias llevan a Freud a postular la existencia de motivaciones que dirigen nuestros actos pese a ser desconocidas para nosotros.
El psicoanálisis se opone a identificar lo psíquico con lo conciente. Los procesos concientes constituyen apenas una fracción de la vida anímica total. Freud afirma que existe un pensamiento y una voluntad inconciente.
No es el estudio de la hipnosis el único campo que sostiene estas afirmaciones. Freud presta atención a otros fenómenos que nunca antes habían sido considerados dignos de ser estudiados científicamente. Comienza inspeccionando los actos fallidos y los sueños.

Los Actos Fallidos
En su escrito "Psicopatología de la vida cotidiana" analiza con su rigor característico los llamados actos fallidos; fundamentalmente las equivocaciones orales y los olvidos momentáneos.
Equivocaciones orales
Cuando una persona dice una palabra por otra,
Escribe una palabra por otra,
Lee en un texto impreso algo distinto de lo que en el mismo aparece,
Oye cosa diferente de lo que se dice.
Olvidos momentáneos
Lagunas mentales (olvido de nombres)
Pérdida de objetos
Olvido de propósitos (ej. Olvidar una cita)
Del estudio de los actos fallidos concluye que no son simples casualidades, sino actos psíquicos que tienen un sentido, y deben su génesis a la oposición de dos intenciones diferentes. El acto fallido representa el conflicto entre dos tendencias incompatibles.
El olvido, y por tanto, la no ejecución de un propósito, testimonia de una volición contraria opuesta al mismo.
Cuando alguien olvida acudir a una cita a la que prometió ir; el fundamento de tal olvido puede buscarse en:
Escasa simpatía hacia la persona de la cita o algún sentimiento encontrado hacia ella
Recuerdo penoso vinculado al lugar de la cita
Recuerdo desagradable vinculado a algún otro factor relacionado con la cita como podría ser el momento del día, el día (ej. Día de la madre), o un factor climático.
Freud describe y analiza en su obra una serie de ejemplos de actos fallidos de algunos de sus pacientes y otros de su propia vida, que por cuestiones de espacio no vamos a desarrollar aquí, pero recomiendo al lector el análisis de dichos ejemplos, muchos de los cuales Freud expone en sus "Conferencias de Introducción al Psicoanálisis".

Un punto importante respecto a los actos fallidos reside en su cotidianeidad. Todos podemos observarlos con facilidad en la vida cotidiana. Lo mismo puede decirse de los sueños. Y, en ambos fenómenos Freud encuentra la presencia en el hombre de tendencias susceptibles de actuar sin que él se de cuenta.
Los sueños
Es una osadía de Freud dedicarse, a nivel científico, a la interpretación de los sueños, ya que pocas cosas son menos objetivamente observables que un sueño.  
Una de sus obras más famosas se titula precisamente "La interpretación de los sueños". Interpretar significa hallar un sentido oculto. Para Freud los sueños, al igual que los actos fallidos, tienen un sentido.
Durante el dormir, el cuerpo duerme pero el psiquismo no. Aún en el estado de reposo, actúan sobre el psiquismo estímulos a los que el psiquismo tiene que reaccionar.
El sueño es la manera de reaccionar del psiquismo a las excitaciones perturbadoras que sobrevienen durante el estado de reposo.
Freud propone interpretar los sueños, interrogando al soñante. “¿Qué haríais vosotros ante una manifestación mía que juzgarais incomprensible? Sin duda me interrogaríais: Y entonces, ¿por qué no hemos de hacer lo mismo con el soñante? ¿Por qué no preguntarle a él mismo lo que su sueño significa?” (Freud - "Introducción al Psicoanálisis").
El sujeto generalmente refiere, en primera instancia, no saber nada acerca del sentido de su sueño. Pero Freud sospecha que el durmiente sabe, a pesar de todo, lo que significa su sueño, pero no sabiendo que lo sabe, cree ignorarlo.
Estas son las hipótesis freudianas sobre los sueños:
El sueño es un fenómeno psíquico que tiene un sentido.
Se realizan en nosotros hechos psíquicos que conocemos sin saberlo (hipótesis comprobada en el estudio de la hipnosis).
El sujeto del sueño posee un conocimiento del mismo, pero un conocimiento que le es, por el momento, inaccesible.
Freud intenta relacionar los resultados de su indagación sobre el olvido de nombres propios con el fenómeno de los sueños. Así como en el olvido de nombres propios reconocemos inmediatamente que los nombres evocados no son sino sustitutivos del nombre olvidado, por qué no indagar si en los sueños sucede algo similar.

Los elementos que se manifiestan en el sueño son sustitutivos de otros contenidos inconcientes.
Freud distingue entre contenido manifiesto y contenido latente del sueño. El contenido manifiesto es el relato del sueño tal como el sujeto lo comunica, mientras que el contenido latente es el sentido oculto al que Freud intenta arribar preguntándole al soñante en base a las siguientes pautas:
La labor de interpretación no debe preocuparse por lo absurdo que pueda parecer el contenido manifiesto.
La labor debe reducirse a despertar representaciones sustitutivas en derredor de cada elemento del sueño.
“Impondremos al sujeto, como regla inviolable, la de no rehusar la comunicación de ninguna idea, aunque la encuentre insignificante, absurda, ajena al sueño o desagradable de comunicar”.
Debe esperarse hasta que lo inconciente oculto surja espontaneamente a partir de las asociaciones del paciente.
A esta técnica se la denominó “asociación libre”.
La investigación de los sueños toma impulso a partir del análisis de los sueños infantiles. A diferencia de los sueños de los adultos, los sueños infantiles son breves, claros, coherentes y fácilmente inteligibles. Tienen un sentido inequívoco. En ellos coincide el contenido manifiesto con el latente (no hay deformación).
Tomemos el siguiente ejemplo:
Una niña de tres años había hecho durante el día su primer paseo por el lago, que le pareció corto y rompió en llanto cuando la hicieron desembarcar.  
A la noche sueña que navega por el lago, continuando el paseo interrumpido.
El sueño infantil es una reacción a un suceso del día anterior que deja tras de sí un deseo insatisfecho. Dice Freud: “El sueño trae consigo la realización directa y no velada de dicho deseo.”
El estímulo del sueño va a ser siempre un deseo.
El sentido del sueño es la realización de un deseo.

Así como en los actos fallidos se ve una transacción entre dos tendencias; algo similar ocurre en los sueños:

Las dos tendencias que chocan en el sueño son el deseo insatisfecho y el deseo de dormir.
El sueño sería el resultado de una transacción: sin dejar de dormir, satisfacemos un deseo. Al satisfacerlo, podemos seguir durmiendo. En los niños la cosa es cristalina. En los adultos, por su parte, los deseos que motivan el sueño suelen ser deseos no aceptables para la conciencia. Freud encuentra que esos deseos son generalmente deseos de tipo sexual. Estos deseos "incómodos" para la conciencia son reprimidos. No son eliminados sino desterrados a lo inconciente.
En el sueño interviene una instancia de censura que elimina ciertos elementos (lagunas del sueño) y sustituye ciertos elementos por otros (simbolismo del sueño). El sueño es, entonces, resultado de una elaboración psíquica, una formación de compromiso entre lo reprimido que intenta emerger y la censura que se lo impide. Lo mismo encontrará  Freud en la formación de síntomas.

Los síntomas
Ya desde su colaboración con Charcot, Freud se interesa por pacientes que presentan síntomas que no tienen ningún tipo de justificación orgánica. Por ejemplo, un sujeto que presenta una parálisis en una mano sin ningún tipo de daño anatómico. Los médicos lo revisaron, le hicieron todos los estudios y el hombre estaba perfecto, pero no podía mover la mano. En estos casos, Freud relaciona la formación del síntoma con un retorno de lo reprimido. Freud descubre que la inmovilidad de la mano guarda relación simbólica con el "haber tocado o deseado tocar algo que no permitido". Es decir, que el síntoma se desarrollaba en base a una significación que era desconocida para el sujeto; una significación inconciente.

Freud se vincula con Joseph Breuer, otro médico que estaba interesado en este tipo de casos. Breuer había tratado mediante hipnosis a una mujer joven (Anna O.) que presentaba un cuadro de histeria. En trance hipnótico, se la incitaba a expresarse verbalmente, obteniendo como resultado la comunicación de fantasías y deseos que en el estado de vigilia la mujer ignoraba.

Freud postula que la enfermedad psíquica debe su génesis a un conflicto entre fuerzas psíquicas que se oponen. El síntoma surge de ese choque de un impulso psíquico (Freud lo llamará pulsión) inaceptable para el sujeto que demanda satisfacción y otro agente psíquico también que se le opone. El síntoma surge como una formación de compromiso.
Existen en nuestro psiquismo impulsos que por entrar en conflicto con la moral tienen obstruido el acceso a la conciencia. Estos impulsos son reprimidos. Pero lo reprimido no pierde su energía y pugna por abrirse camino. En ciertos casos, el proceso de represión fracasa y no puede impedir el retorno de lo reprimido dando origen al síntoma que es una formación de compromiso porque conlleva la satisfacción del deseo reprimido pero no en forma directa, ya que la parte represora alcanza a "disfrazarlo".
En sus investigaciones sobre las neurosis Freud encuentra que las tendencias reprimidas que intentan hallar satisfacción son de índole sexual (lo mismo que le revelaban sus observaciones sobre los sueños).
Todo esto conduce a Freud al estudio de la sexualidad humana; tema que intenta abordar desde sus orígenes. Freud indaga y descubre la sexualidad infantil.

 La sexualidad Infantil
Máxime en aquella época, se consideraba a la sexualidad como un fenómeno, inexistente en la niñez, que emerge recién en la pubertad cuando los órganos genitales alcanzan su pleno desarrollo. Este es uno de los puntos que más se le cuestionan a Freud, el darle excesiva y perturbadora importancia a la sexualidad. Particularmente he comprobado que la mayoría de las personas que hace esta objeción hoy por hoy, lo hacen a partir de la ignorancia. Por ello, me parece importante aclarar que para Freud la sexualidad no se reduce a la genitalidad. Freud asocia lo sexual con el placer. Encuentra que no son los órganos genitales las únicas partes del cuerpo donde se puede hallar placer. Freud sostiene que existe una actividad sexual infantil, que es autoerótica, en cuanto encuentra satisfacción en su propio cuerpo.
La primer manifestación de una sexualidad infantil que Freud encuentra es el chupeteo. El chupeteo consiste en un contacto succionador rítmicamente repetido llevado a cabo con los labios. Tiene su origen el acto de la succión del pecho materno (el primer acto placentero de la vida). Los labios del niño quedan constituidos de este modo como zona erógena (cualidad que con modificaciones conservará en la adultez).
La actividad sexual (búsqueda del placer) se apoya primariamente en las funciones destinadas a la conservación de la vida (saciar el hambre) pero luego se separa y se hace independiente. El chupeteo surge entonces como un intento de repetir la sensación placentera acaecida durante la succión del pecho materno. A este momento del desarrollo de la sexualidad se lo llamará "etapa oral" dado que es la boca la parte del cuerpo que se constituye como zona erógena privilegiada.
Las zonas erógenas son  partes de la epidermis o de las mucosas en las cuales ciertos estímulos hacen surgir una sensación de placer de una determinada cualidad. Existen zonas erógenas predestinadas (partes del cuerpo que suelen tener de por sí una mayor sensibilidad como los labios, pezones, genitales), pero cualquier otra región de la epidermis o mucosas pude constituirse en zona erógena.
Freud encuentra que la sexualidad infantil pasa luego por otra etapa a la que se refiere como "etapa anal".
Los trastornos intestinales, frecuentes en la infancia, hacen que no falten nunca intensas excitaciones relativas a la zona anal. El niño no tarda en descubrir sensaciones placenteras relacionadas con la defecación.
 “Aquellos niños que utilizan la excitabilidad erógena de la zona anal, lo revelan por el hecho de retardar el acto de la excreción hasta que la acumulación de materias fecales produce violentas contracciones musculares y su paso por el esfínter una viva excitación de las mucosas.” (Freud - Introducción al Psicoanálisis)
Los niños no tardarán en descubrir las cualidades erógenas de los genitales. Dice Freud que los órganos genitales se hallan relacionados con la micción, de manera que no pueden faltarle estímulos. Es inevitable que la sensación de placer que puede emanar de esta parte del cuerpo se haga notar en los niños ya en su temprana infancia.
En los primeros años el niño ya ha encontrado muchas formas de obtener placer y las ejercita sin reparos, ya que los "diques anímicos" contra las extralimitaciones sexuales (el pudor, la repugnancia, la moral) no están desarrolladas aún. Cuando estas instancias se comienzan a desarrollar en el proceso de socialización, este brote precoz de la sexualidad cae bajo la represión, sospechando Freud que esto se relacione con la particular amnesia que los adultos tenemos sobre los primeros años de nuestra infancia.

 El complejo de Edipo
Freud toma el nombre de la tragedia griega de Sófocles "Edipo Rey", personaje mitológico que, sin saberlo, termina matando a su padre y casándose con su madre.
El complejo de Edipo es para Freud el fenómeno crucial de la sexualidad en la primera infancia. Tanto el niño como la niña tienen como primer objeto de amor a la madre. Para ambos, el padre es, al comienzo, un fastidioso rival.
Freud observa huellas del Edipo en la búsqueda, por parte de algunos hombres, de mujeres con características similares a la madre. La elección de objeto amoroso obedece a razones inconcientes que datan de la primera infancia.
El ocaso del complejo de Edipo se da por identificación del niño con los aspectos de autoridad de las figuras paternas (prohibición del incesto), y constituye para el prestigioso antropólogo Claude Levi-Strauss el pasaje de la naturaleza a la cultura.
A lo largo de su obra, Freud irá construyendo teorías acerca del funcionamiento del psiquismo.
Primera Tópica del Aparato Psíquico

En 1915, Freud propone la presencia de tres instancias psíquicas:
Sistema Conciente
Sistema Preconciente
Sistema Inconciente
 Sistema Conciente. Freud no se esfuerza demasiado por caracterizar la conciencia, dado que la adecua a lo que los filósofos y el mismísimo "saber popular" consideran al respecto. "Cuando se habla de conciencia, todo el mundo sabe inmediatamente, por experiencia, de qué se trata." La conciencia está asociada a la percepción y cumple una función selectiva, recibiendo y filtrando los estímulos provenientes tanto del mundo exterior como del interior. De toda la información que se ofrece a nuestra percepción, somos concientes momentáneamente de ciertos elementos y de otros no.
Sistema Preconciente. Es una instancia cuyos contenidos no están en la conciencia pero son susceptibles de acceder a ella. Por ejemplo, mientras escribo este texto alguien me interrumpe y me pregunta cuál es mi ópera favorita. Accederán a mi conciencia contenidos que hasta hace un momento no estaban en ella, aparecerán nombres de ópera, la representación de la música, de alguna puesta que haya visto y contestaré "La Flauta Mágica". Todo lo referente a esta ópera de Mozart no estaba en mi conciencia mientras estaba escribiendo sobre Psicoanálisis, pero ante la pregunta, está información pasa, sin problemas, a la conciencia.
Sistema Inconciente. Constituye el gran descubrimiento freudiano. El inconciente es un sistema psíquico cuyos contenidos no tienen acceso a la conciencia, al menos no fácilmente, porque han sido reprimidos y encuentran una resistencia cada vez que intentan acceder a la conciencia. Estos contenidos inconcientes son representantes de las pulsiones que tienen vedado el acceso al sistema preconciente – conciente.
Lo que intenta el psicoanálisis es hacer conciente lo inconciente a partir de la palabra mediante el ya descripto método de "asociación libre" y la interpretación.
Se utiliza el término "tópica" para indicar que estos sistemas son "lugares virtuales", es decir, producto de una conceptualización espacial que carece de cualquier tipo de vinculación anatómica. El inconciente no está ubicado en ninguna parte de nuestra fisiología; es un espacio virtual.

 Segunda Tópica Freudiana
En 1923, en su obra "El Yo y el Ello", Freud expone su segunda hipótesis estrctural acerca del psiquismo, en la cual presenta también tres instancias:

El Ello
El Súper-Yo
El Yo
 El Ello. Constituye el polo pulsional de la personalidad. Contiene las pulsiones inconcientes, en parte innatas y en parte reprimidas. El Ello es totalmente inconciente.
El Súper-Yo. Se forma por la interiorización de las exigencias y prohibiciones parentales. Su tarea es comparable a la de un juez respecto al yo. Son funciones del Súper-Yo la conciencia moral, la autobservación y la formación de ideales. El Súper-Yo es el asiento de los valores, la discriminación entre lo que está bien y lo que está mal. Es, por ende, una instancia netamente cultural y tiene "partes" concientes, preconcientes e inconcientes.
El Yo. El núcleo del Yo se asocia al sistema percepción-conciencia, pero no se limita a eso, dado que Freud adjudica al Yo la tarea defensiva de la represión; y la represión es inconciente.
Tal como señalan Laplanche y Pontalis en su "Diccionario de Psicoanálisis", el Yo "se encuentra en una relación de dependencia, tanto respecto a las reinvindicaciones del Ello como a los imperativos del Súper-Yo y a las exigencias de la realidad". Si bien es una instancia que se exhibe como mediadora y como representante de los intereses de la totalidad de la persona, Freud puntualiza que la autonomía del Yo es ficticia.
Los desarrollos freudianos son harto complejos y extensos. El presente trabajo procura realizar apenas una presentación introductoria del Psicoanálisis, un esbozo de sus inicios. Seguir profundizando a partir de aquí queda, entonces, librado al interés del lector.

 Lic. Alejandro Quiroga

PSICOANALISIS

Freud y otros psicoanalistas en 1922. De izquierda a derecha sentados: Sigmund Freud, Sándor Ferenczi y Hanns Sachs. De pie: Otto Rank, Karl Abraham, Max Eitingon y Ernest Jones.
El psicoanálisis (del griego ψυχή [psyque], alma o mente; del alemán Seele, alma -según definición del propio Freud en su artículo de 1883 Tratamiento psíquico; y νάλυσις [analysis], análisis, en el sentido de examen o estudio) es una práctica terapéutica fundada por el neurólogo vienés Sigmund Freud alrededor de 1896. A partir del psicoanálisis se han desarrollado posteriormente diversas escuelas de psicología profunda o de orientación dinámica y analítica. Asimismo, la teoría ha influenciado a muchas otras escuelas psicológicas y de terapias no necesariamente psicoanalíticas.
El concepto de «psicoanálisis» designa, por una parte, aquel modelo téorico descriptivo y explicativo de los mecanismos, procesos y fenómenos implicados en la vida anímica humana. Este modelo se basa en la experiencia de Sigmund Freud en el tratamiento clínico de casos de neurosis, fobias y diversos padecimientos psíquicos. Por otra, «psicoanálisis» se refiere también a la terapia psicoanalítica misma, es decir, a un conjunto de procedimientos y técnicas terapéuticas para el tratamiento de conflictos psíquicos. Finalmente, «psicoanálisis» puede referirse además al método psicoanalítico: un método de investigación que ha sido aplicado más allá de la psicología clínica individual, al análisis de fenómenos culturales, por ejemplo en etnología y antropología (entre otras disciplinas). El desarrollo del psicoanálisis es permanente en estos tres aspectos por parte de investigadores y clínicos, si bien cabe remarcar que tal segmentación del campo psicoanalítico no puede ser otra cosa que una esquematización descriptiva, y que en ningún caso da cuenta de la estructura propia del psicoanálisis donde teoría y práctica se encuentran ligadas sin poderse dar la una sin la otra. Freud sostuvo que una de las glorias del psicoanálisis era la coincidencia de investigación y tratamiento,1 si bien aclara que la técnica de ambas difiere. El psicoanálisis moderno se caracteriza por el pluralismo teórico, metódico y terapéutico. Si el psicoanálisis puede ser considerado una teoría científica es un asunto que en círculos académicos y profesionales continúa siendo controvertido.
La definición clásica de Freud nota 1 incluye, según resumen Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, los siguientes tres aspectos:
A) Un método de investigación que consiste esencialmente en evidenciar la significación inconsciente de las palabras, actos, producciones imaginarias (sueños, fantasías, delirios) de un individuo. Este método se basa principalmente en las asociaciones libres del sujeto, que garantizan la validez de la interpretación. La interpretación psicoanalítica puede extenderse también a producciones humanas para las que no se dispone de asociaciones libres.
B) Un método psicoterápico basado en esta investigación y caracterizado por la interpretación controlada de la resistencia, de la transferencia y del deseo. En este sentido se utiliza la palabra psicoanálisis como sinónimo de cura psicoanalítica; ejemplo, emprender un psicoanálisis (o un análisis).
C) Un conjunto de teorías psicológicas y psicopatológicas en las que se sistematizan los datos aportados por el método psicoanalítico de investigación y de tratamiento.

El psicoanálisis como teoría científica
El psicoanálisis es una teoría sobre los procesos psíquicos inconscientes, que presenta una concepción ampliada de la sexualidad, de sus relaciones con el acontecer psíquico y su reflejo en lo sociocultural. El supuesto de que existen los procesos, fenómenos y mecanismos psíquicos inconscientes junto al papel de la sexualidad y del llamado complejo de Edipo, que resulta en una diferenciación entre instinto y pulsión; así como la aceptación de la teoría de la represión y el papel de la resistencia en el análisis constituyen para Freud los pilares fundamentales de su edificio teórico, al punto que sostiene que «quien no pueda admitirlos todos no debería contarse entre los psicoanalistas».3
Esta definición de Freud ha tenido amplia aceptación entre los psicoanalistas, así como también la necesidad de la transmisión del saber a través del análisis didáctico y los análisis de control o supervisados. Esta amplia aceptación general o identificación con los pilares centrales de la teoría y el método, se dio en medio de controversias. Refiriéndose a la definición de Freud de 1922, la historiadora Élisabeth Roudinesco comenta:
«Freud proporcionó la definición más precisa del marco psicoanalítico, al subrayar que sus "pilares" teóricos eran el inconsciente, el complejo de Edipo, la resistencia, la represión y la sexualidad (...) Si bien los freudianos de todas las tendencias siempre aceptaron reconocerse en esta definición de psicoanálisis, no han cesado de combatir entre ellos a dividirse acerca de la cuestión de la técnica psicoanalítica y el psicoanálisis didáctico».5
En efecto, los psicoanalistas de las generaciones que siguieron a Freud desarrollaron la teoría en diversas direcciones, en parte reforzando y complementando sus ideas, en parte distanciándose de ellas o criticando algunos puntos más o menos centrales. Estos movimientos de diferenciación e integracíón, han dado lugar a la existencia de varias escuelas, con diversas concepciones u orientaciones. Por ejemplo, la Psicología del yo, la teoría de las relaciones objetales (de Melanie Klein, Donald Winnicott), el psicoanálisis relacional, el psicoanálisis lacaniano. Asimismo, escisiones tempranas y divergencias en aspectos decisivos dieron lugar a escuelas completamente independientes, como la psicología analítica de Carl Gustav Jung.

El psicoanálisis como método de investigación
El psicoanálisis incluye también una serie de métodos para la investigación de la experiencia, el pensamiento y la conducta humana, tanto de sujetos individuales como de grupos y culturas. Esta última aplicación se ha llamado también etnopsicoanálisis.
La idea central de esta aplicación del psicoanálisis consiste en que tras la superficie en la que se representan las formas de comportamiento perceptibles (en la conducta individual y en la de los grupos y culturas) así como también tras las normas sociales y valores de una comunidad cultural, con frecuencia se esconden contenidos y motivaciones inconscientes que no son de acceso fácil al Yo y que pueden develarse y hacerse comprensibles con la ayuda de los conceptos y métodos del psicoanálisis.
En las décadas siguientes a Freud, diversos psicoanalistas desarrollaron otras técnicas para la exploración e interpretación psicoanalítica de diversas manifestaciones culturales: desde los cuentos de hadas y mitos hasta el análisis de obras literarias mayores, del cine o de las artes plásticas.
El psicoanálisis como terapia
En el sentido estricto, el psicoanálisis puede ser definido como un método y técnica de tratamiento psicoterapéutico basada en la exploración del inconsciente a través de la asociación libre. A diferencia de los métodos que se basan en ejercicios, entrenamiento o aprendizaje (como las técnicas conductuales) o de las explicaciones en el plano cognitivo, el psicoanálisis se cuenta entre las técnicas de descubrimiento o develación que intentan que el paciente logre una comprensión profunda de las circunstacias (generalmente inconscientes) que han dado origen a sus afecciones, o son la causa de sus sufrimientos o malestares psíquicos. Aunque frecuentemente se asocia esto a la introspección, constituye un malentendido esperar como objetivo esencial de la terapia psicoanalítica una comprensión racional acerca de las relaciones causales. Se trata más bien de lograr una reestructuración de más amplio alcance de la personalidad, muy especialmente de la vida afectiva y particularmente en aquellas áreas que contribuyen y mantienen la formación de síntomas, o de formas defensivas que causan daño o malestar.
El psicoanálisis clásico se desarrolla durante algunos años con una frecuencia de tres a cinco veces por semana. En el setting clásico el paciente se recuesta en un diván y habla, en lo posible sin censura, sobre todo lo que siente, piensa, poniendo en palabras toda ocurrencia que le venga a la mente. Esta técnica se denomina asociación libre y constituye la regla fundamental. El analista que está sentado tras él, escucha manteniendo una atención parejamente flotante y comunica al paciente sus interpretaciones, hechas en base al material que va apareciendo durante el proceso analítico. El analista entrega estas interpretaciones a su paciente tantas veces como considere conveniente y en las situaciones que decida. En particular el analista captará e interpretará los patrones emocionales y de funcionamiento psíquico, los mecanismos típicos que el paciente repite en la relación con él en forma de transferencia y, básicamente, las formaciones del inconsciente que surjan en el discurrir del analizante a lo largo de su análisis.
Independientemente de las variaciones que existen en las diferentes escuelas posteriores a Freud, donde muchas de ellas modifican este setting o encuadre clásico, el eje central del psicoanálisis como técnica terapéutica es la asociación libre. Desde la época de Freud y hasta la actualidad se le asigna a la llamada "regla técnica fundamental" un carácter demarcatorio entre lo que se llama psicoanálisis y lo que es una terapia diversa de éste.

Técnica psicoanalítica



Diván usado por Freud en las sesiones de psicoanálisis.
Según el psicoanálisis, los síntomas histéricos y neuróticos tienen un origen ligado a conflictos inconscientes, aspectos de los cuales, pese a ser ajenos por completo al consciente del analizado, pugnan por emerger a la conciencia. El retorno de lo reprimido, resultado de una represión fallida ante la fuerza emergente del material reprimido, es una formación de compromiso, ejemplo de lo cual constituye el síntoma histérico y, en general, el neurótico. El objetivo de la terapia es vencer las resistencias para que el analizado acceda a las determinaciones inconscientes de sus sentimientos, actitud o conducta. Freud, en una de las oportunidades en las que describe la operación que lleva a cabo la terapia analítica, lo hace en estos términos: "la rectificación con posterioridad del proceso represivo originario".17
La «regla fundamental» de la técnica psicoanalítica es la asociación libre.18 El analista introduce al paciente en la técnica solicitándole que le comunique todos los pensamientos, ocurrencias, ideas o imágenes que se le pasen por la mente, independientemente de que estos le parezcan absurdos, irrelevantes o comprometedores, «sin criticarlos o seleccionarlos».19 Al comunicar estos contenidos, el analizado no debe tener en cuenta cuan insignificante, trivial o desagradable le resulten, ya que esto sólo expresaría la acción de las resistencias».
El analista por su parte, también debe respetar reglas, particularmente las tres siguientes:
Escuchar al analizado con una atención parejamente flotante, es decir, sin privilegiar ningún elemento de su discurso, lo que implica que el analista «deje funcionar lo más libremente posible su propia actividad inconsciente y suspenda las motivaciones que habitualmente dirigen la atención».20 En palabras de Freud, «el analista debe escuchar y no hacer caso de si se fija en algo».21
Mantener una actitud neutral, en cuanto a los valores, es decir, no dirigir la cura en función de un ideal religioso, moral o social, no juzgar, no aconsejar. La posición debe ser igualmente neutral frente a las manifestaciones transferenciales y frente al discurso, es decir, «no conceder a priori una importancia preferente, en virtud de prejuicios teóricos, a un determinado fragmento o a un determinado tipo de significaciones».22
Observar una actitud de estricta abstinencia, lo que implica que el analista «no satisface las demandas del paciente ni desempeña los papeles que éste tiende a imponerle».23 El sentido de este principio es que la cura debe transcurrir de tal forma que el analizado no se sirva de ella para obtener satisfacciones sustitutivas de sus síntomas.

Mecanismos de defensa
Artículo principal: Mecanismo de defensa
Freud define la represión como un mecanismo de defensa cuya esencia consiste en rechazar y mantener alejados de la consciencia determinados elementos que son dolorosos o inaceptables para el yo. Estos pensamientos o ideas tienen para Freud un contenido sexual. La represión se origina en el conflicto psíquico que se produce por el enfrentamiento de exigencias internas contrarias entre un deseo que reclama imperativamente su satisfacción y las prohibiciones morales. El yo se defiende del dolor que causa la incompatibilidad reprimiendo el deseo.
En los sueños opera la condensación. Varios elementos presentes en el sueño latente se conjugan, se unen en un mismo elemento; pueden ser fragmentos de imágenes, frases o trozos de ideas. Estos fragmentos de vivencias siempre estarán unidos de alguna forma por elementos comunes, que los relacionan y aparecen durante el análisis por medio de la asociación libre. Un ejemplo de condensación se da cuando soñamos con una persona que reúne rasgos de diferentes personas, a veces se presenta como una persona determinada y de pronto se convierte o desempeña el papel de alguna otra más.
El desplazamiento, que también se presenta en los sueños, consiste en que la intensidad, la importancia y la cantidad de afecto de algunas ideas se desplaza hacia otras de manera que puede mostrar como importante algún elemento que en realidad es superfluo y, por el contrario, mostrar como imprecisos y sin importancia elementos importantes que por lo general corresponden a recuerdos de la infancia. El desplazamiento es el proceso que más influye en ocultar el sentido latente del sueño. Cuanto más confuso y oscuro es un sueño, más ha sido influido por el desplazamiento.
[editar]El desarrollo libidinal
Artículos principales: Pulsión y Libido
El psicoanálisis emplea el término pulsión (impulso que tiende a la consecución de un fin) para el estudio del comportamiento humano. Se denomina pulsión a las fuerzas derivadas de las tensiones somáticas en el ser humano, y las necesidades del ello; en este sentido las pulsiones se ubican entre el nivel somático y el nivel psíquico.
La pulsión es un impulso que se inicia con una excitación corporal (estado de tensión), y cuya finalidad última es precisamente la supresión de dicha tensión.
Hay dos tipos de pulsiones, la pulsión sexual o de vida (Eros) y la pulsión de muerte (Thánatos). Para el psicoanálisis el impulso sexual tiene unas acotaciones muy superiores a lo que habitualmente se considera como sexualidad. La libido es la energía pulsional, y puede presentar diferentes alternativas según esté dirigida a los objetos (libido objetal), o bien se dirija al propio Yo (libido narcisista).
El psicoanálisis establece una serie de fases a través de las cuales se verifica el desarrollo del sujeto. Desde el punto de vista de dichas fases, los conflictos psíquicos - y su posibilidad de resolución- dependerán del estancamiento de una fase (fijación) o del retorno a una fase precedente (regresión).
Freud distinguió a partir de 1915 diversos momentos y "dimensiones" de una pulsión:
La fuente que tiene su origen en lo somático y que se traduce por una tensión, una suerte de impulso (en alemán: Drang).
El Drang mismo, es decir la tensión interior que se traduciría en Trieb (pulsión).
La meta que se puede encontrar en un estado pasivo o activo.
El "objeto" de la pulsión, que en lo real es un medio, un medio bastante accesorio ya que sólo sirve para disminuir temporalmente la tensión inherente a la pulsión.
[editar]Desarrollo sexual infantil
Artículos principales: Desarrollo psicosexual, Libido y Zona erógena
La teoría plantea que conforme crecen los niños su deseo se enfoca en diferentes áreas del cuerpo, en los que se busca la satisfacción libidinal. Siguiendo una secuencia de etapas psicosexuales en las que son importantes diferentes zonas erógenas, los niños pasan del autoerotismo a la sexualidad reproductora y desarrollan sus personalidades adultas:
Fase oral (desde el nacimiento hasta los 12 ó 18 meses): la boca es la zona erógena preeminente y procura al bebé no sólo la satisfacción de alimentarse, sino, sobre todo, el placer de chupar. Es decir, de poner en movimiento los labios, la lengua y el paladar en una alternancia rítmica.
Fase anal (12-18 meses hasta 3 años): en esta época la fuente principal de placer y conflicto potencial son las actividades en las que interviene el ano. Con frecuencia representa el primer intento del niño por convertir una actividad involuntaria en voluntaria. Los niños pueden experimentar dolor o placer ya sea al retener o al expulsar sus desechos fisiológicos. Debemos separar aquí el placer orgánico de defecar, aliviando una necesidad corporal, del placer sexual consistente en retener las heces y los gases para después expulsarlos bruscamente.


Carta de Sigmund Freud a una madre en relación a la homosexualidad de su hijo. La carta fue mas tarde enviada anónimamente "De una madre agradecida" a Alfred Charles Kinsey. Página 1. 9 de abril de 1935.
Fase fálica (3 a 6 años): el órgano sexual masculino desempeña un papel dominante. En esta fase, las caricias masturbatorias y los tocamientos ritmados de las partes genitales proveen al niño un placer autoerótico. Freud considera que el clítoris es considerado por la niña como una forma de falo inferior. Al comienzo de la fase fálica, los niños/as creen que todas las personas poseen falo y la diferencia entre tener o no falo se percibe como una oposición por castración. Cada uno toma rumbo diferente al entrar en lo que Freud denomina Edipo, o complejo de Edipo, en el cual primero se da una identificación con la madre en ambos casos. El niño siente deseos sexuales hacia su madre, y al percibir a las niñas como castradas abandona sus deseos por temor a que le ocurra lo mismo, creándose en el varón la angustia de castración que lo lleva a renunciar a sus deseos incestuosos e identificarse con su padre. La niña abandona a la madre porque la cree culpable de su castración y surge la envidia del pene. Sin embargo, se da cuenta de que si es como su madre puede acceder a un pene (véase el concepto psicoanalítico de falo), a lo cual reacciona identificándose con ella y aparece el deseo de engendrar un hijo de su padre.
La homosexualidad es definida como una perversión causada por una interrupción del desarrollo libidinal en esta etapa. Para Freud se produce por una fijación en una etapa temprana del desarrollo psicosexual o una resolución incorrecta del complejo de Edipo. Esta interrupción no permite alcanzar la madurez sexual (heterosexualidad). Un conflicto de homosexualidad inconsciente puede ser un núcleo constituyente de esquizofrenia o paranoia. Más adelante, Freud describe el narcisismo como un componente común a la homosexualidad, la esquizofrenia y las perversiones. Sin embargo, Freud llegaría a reconsiderar su posición con el tiempo, hasta el punto de que en su conocida Carta a una madre americana, Freud no dudó en afirmar que la homosexualidad «no es un vicio ni un signo de degeneración, y no puede clasificarse como una enfermedad».29 Señaló que perseguir la homosexualidad era una «gran injusticia y una crueldad», y que el análisis, a lo sumo, serviría para devolver la armonía a una persona si se sentía infeliz o neurótica, independientemente de si era homosexual o no.
Período de latencia (desde los seis años hasta la pubertad): en este período se desarrollan fuerzas psíquicas que inhiben el impulso sexual y reducen su dirección. Los impulsos sexuales inaceptables son canalizados a niveles de actividad más aceptados por la cultura. Freud lo llamaba «período de calma sexual». No lo consideraba una etapa, ya que no surgía nada dramáticamente nuevo.
Fase genital (desde la pubertad hasta la adultez): surge en la adolescencia cuando maduran los órganos genitales. Hay un surgimiento de los deseos sexuales y agresivos. El impulso sexual, el cual antes era autoerótico, se busca satisfacer a partir de una interacción genuina con los demás. Freud creía que los individuos maduros buscan satisfacer sus impulsos sexuales sobre todo por la actividad genital reproductora con miembros del sexo opuesto.

Psicoanálisis y Psicosíntesis

Posted by fernanda on Aug 23, 2009 in Assagioli | 0 comments
Al observar las características más notables de la civilización contemporánea no puede menos de llamarnos la atención su extrema extraversión; es decir, su inclinación a investigar y dominar las fuerzas de la naturaleza, con el objeto de satisfacer las crecientes necesidades y exigencias del hombre. Esta tendencia es verdaderamente dominante en nuestra época; pero en manera alguna la única; como nos revelará un estudio más extenso.

En el transcurso de los últimos cuarenta o cincuenta años, un grupo de estudiosos, que en, principio fue muy pequeño y que ha ido creciendo e intensificando gradualmente su actuación, ha dirigido sus esfuerzos, a investigar los fenómenos y misterios de la psique humana.

Los resultados más importantes de esta actividad no los debemos a la psicología académica sino a investigadores aislados, la mayoría de los cuales han sido médicos, impulsados al estudio de esa ciencia por las necesidades de sus pacientes y auxiliados por el mayor relieve que algunos fenómenos psicológicos adquieren cuando van acentuados por una condición morbosa.

El primer científico que contribuyó con descubrimientos originales en ese campo de investigación fue Pierre Janet. Estudiando el fenómeno del automatismo psicológico, Janet descubrió que existe una serie de actividades mentales, que se desarrollan independientemente de la consciencia del paciente, llegando a constituir verdaderas personalidades secundarias, que viven detrás, o alternando con la personalidad ordinaria.

Poco después de Janet, un médico vienés, el doctor Sigmund Freud, inició una vasta serie de investigaciones psicoanalíticas. El punto de partida de las investigaciones de Freud fue un método psicoterapéutico – el método catártico de Breuer- que consiste en hacer que vuelvan a la memoria del paciente los choques o impresiones olvidados, causantes de los síntomas, y liberar por medios adecuados las fuertes emociones, las que él llamó represiones.

El segundo paso en el desenvolvimiento del psicoanálisis fue la publicación, entre 1898 y 1905, de varias obras de Freud, en las que éste describe y explica muchos incidentes de nuestra vida normal, tales como sueños, fantasías, agudezas de lenguaje, olvidos, errores y lapsos de conducta, etc., por medio de la misma mecánica psicológica que determinan los síntomas morbosos de un enfermo.

Freud pone mucho énfasis en la lucha entre las tendencias, impulsos, instintos y deseos, por una parte, y los temores, inhibiciones y represiones por otra. Por ejemplo, el caso curioso de olvido de cosas o palabras bien conocidas se debe, según Freud, a alguna relación existente entre la cosa o hecho olvidado y una emoción dolorosa o un acontecimiento desagradable. Cita el caso de que en cierta ocasión él, Freud, no podía recordar el nombre de un bien conocido balneario de la Riviera italiana: Nervi. Es claro – escribe – los nervios (en italiano Nervi) me dan mucho que hacer.

En el curso de sus estudios, Freud descubrió que, en muchos casos, el enlace entre la causa y el efecto, entre el impulso y la manifestación no es inmediato, sino indirecto, disimulado, simbólico. Esto le indujo a formular una serie de hipótesis e interpretaciones simbólicas, que constituyen una de las partes más discutidas y discutibles de su sistema. Igualmente discutible – con toda razón – es la preponderancia, o más bien, la casi absoluta importancia, que atribuye al sexualismo en las varias transformaciones. Por otra parte, entre las más útiles y valiosas contribuciones de Freud, contamos la demostración de la gran influencia que tienen las impresiones y experiencias de la niñez – especialmente, la adhesión emocional de los niños a sus padres – en la conformación de la vida ulterior del adulto, y como causas de perturbaciones nerviosas. A esto tenemos que añadir el estudio de las fijaciones, es decir, la interrupción del desarrollo de ciertas regiones de la psique, con la consiguiente persistencia de las reacciones de carácter pueril; así mismo el descubrimiento de imágenes que dominan el subconsciente, o sea verdaderos fantasmas internos que atemorizan y perturban nuestra personalidad. De valor especial son los estudios de Freud sobre la transformación de instintos y emociones.

Es de lamentar sinceramente el que tan importantes contribuciones al conocimiento de nosotros mismos vayan confundidas y mezcladas en la doctrina y práctica del psicoanálisis, con conceptos manifiestamente erroneos, peligrosos y – a veces perniciosos. Estos conceptos son: la completa incomprensión de los aspectos más elevados de la naturaleza humana; la liberación de pasiones bajas, antes reprimidas, sin considerar las consecuencias de tal liberación la que, en muchos casos, han sido desastrosas. Esto, aún pasando por alto los abusos que, a la sombra del psicoanálisis, han cometido individuos incompetentes y poco escrupulosos.

Como es bien sabido, del árbol del psicoanálisis proceden otros dos movimientos. Uno es la Psicología Individual del Doctor Alfred Adler, también de Viena, quien dio énfasis e importancia a la tendencia a la auto asertividad personal, el poder personal. El otro es la Escuela del Dr. Jung, de Zurich. El Dr. Jung ha estudiado las regiones más profundas del subconsciente y en ellas ha descubierto elementos, imágenes y símbolos de carácter colectivo y ancestral. Ha hecho también valiosas y originales contribuciones a la clasificación y descripción de los diversos tipos psicológicos.

A diferencia de Freud, Jung reconoce la importancia de la fase constructiva del tratamiento psicológico y hasta admite el Yo transcendental, entre el yo ordinario y el yo subconsciente; aunque, al parecer, no atribuye a ese Yo transcendental realidad espiritual definida, considerándolo vagamente como una función transcendental.

Además de esa línea principal de investigación, debemos, mencionar otras que, aunque, independientes, la completan y enriquecen. Una de ellas es la Psicobiología, la que, a base de los estudios. de A. Wagner, H.. Triesch y M. Mackenzie, ha demostrado el innegable elemento psicológico que existe en todos los fenómenos del la vida, aún en los más elementales. Una segunda es la iniciada por Myers con sus estudios sobre el Yo subliminal, sobre los fenómenos psíquicos supernormales y sobre la inspiración y el genio. Finalmente tenemos otra línea de investigación que va desde WiIliam James hasta Evelyn Hunderhill, quienes han examinado las manifestaciones de carácter religioso, especialmente, los estados místicos.

Esta enorme masa de material de estudio e investigación nos ofrece elementos suficientes para intentar una coordinación y una síntesis. Si reunimos los casos comprobados, las contribuciones positivas y dignas de crédito, las interpretaciones bien fundadas y las relaciones evidentes, dejando de lado las exageraciones y las superestructuras teóricas de las diversas escuelas, podremos llegar a un concepto de la personalidad humana, que, no obstante estar muy lejos de ser definitivo y perfecto, es, en nuestra opinión, más incluyente y más cercano a la realidad que todos los formulados hasta ahora.

A fin de formarnos una idea de tal concepto con respecto de la constitución del ser humano, nos valdremos de un diagrama; bien entendido que es sólo una representación cruda y elemental; una estructura estática, casi anatómica, de nuestro ser interno; puesto que es imposible representar el aspecto dinámico, que es el más importante y esencial.

Pero en ésta como en toda otra ciencia, hay que marchar paso a paso y el avance ha de ser progresivo. Especialmente, tratándose de una realidad tan plástica y evasiva como nuestra vida psicológica, es muy importante que no perdamos de vista los delineamientos principales de las diferencias fundamentales. De
lo contrario, la incomprendida multiplicidad confunde la mente; la riqueza de los detalles hace desvanecer
el conjunto del cuadro y nos impide que comprendamos el significado y valor de las diferentes partes.

Diagrama l

I.- La Subconsciencia Inferior
Esta región contiene:
a) Las actividades psicológicas elementales que gobiernan la vida del cuerpo: el psiquismo de células y órganos; la coordinación inteligentede las funciones del cuerpo.
b) Los diversos instintos y bajas pasiones
c) Muchos complejos cargados de intensas emociones; el producto de nuestro pasado reciente y remoto, tanto personal como hereditario (impresiones infantiles, tendencias familiares, restos del inconsciente
colectivo)
d) Sueños e imaginaciones de carácter inferior
e) Psiquismo inferior y mediumnidad.
f) Varias manifestaciones morbosas como fobias e ideas obsesionantes.

II.- La Subconsciencia Intermedia
Esta región está constituída por los elementos psicológicos similares a los de nuestra consciencia de vigilia y no son fácilmente asequibles. En esta región interna es donde se elaboran nuestras experiencias y en donde se preparan nuestras expresiones futuras y nuestras actividades imaginativas y mentales corrientes.

III.- La Subconsciencia Superior o Superconsciencia
De esta región es de donde recibimos nuestras intuiciones e inspiraciones elevadas, sean ellas artísticas, filosóficas o científicas. En ella se encuentra la fuente del genio y de los estados místicos de contemplación, éxtasis e iluminación. En esta región se encuentran también latentes las energías espirituales y los poderes más elevados.

IV.- La Consciencia de Vigilia
Aunque este término no es científicamente exacto, es de uso general y es clara y cómodo para los objetos prácticos; sirve para describir la parte de nuestra personalidad de la. que somos directamente conscientes: el flujo incesante de sensaciones, imágenes, pensamientos, sentimientos, deseos, impulsos, que podemos observar, analizar y juzgar.

V.- El Yo Normal Consciente
El Yo se confunde muy a menudo con nuestra personalidad consciente, la que acabamos de describir; pero, en realidad, es bastante diferente. Quien tenga alguna práctica en introspección puede comprobar esto sin lugar a duda. Una cosa es el contenido cambiante de nuestra consciencia (sensaciones, pensamientos, sentimientos, etc., ya mencionados) y otra es el Yo, el centro de nuestra consciencia, que los contiene, por así decirlo, y los percibe.

Desde cierto punto de vista, esta diferencia. puede compararse con la que existe entre la luz blanca proyectada en la pantalla cinematográfica y las imágenes que se desarrollan en ella Pero el común de los hombres, y hasta muchos instruídos e inteligentes, no se toman el trabajo de observarse a sí mismos y establecer la distinción, sino que se dejan llevar de la corriente mental y se identifican con las oleadas sucesivas que agitan el contenido cambiante de sus consciencias.

VI.- El Yo Espiritual
El Yo consciente no sólo está generalmente sumergido en el incesante flujo de elementos psicológicos,
sino que, con frecuencia, parece desaparecer y quedar reducido a la nada; como ocurre cuando nos dormimos, o cuando en un síncope perdemos la consciencia, así como bajo la acción de una droga o de la influencia de un hipnotizador. Al despertar, nuestro misterioso yo reaparece, sin saber como ni de donde viene; hecho que, si se examina detenidamente, sorprende y confunde. Esta y muchas otras consideraciones (las que exigirían tiempo y espacio del que no disponemos), nos lleva inevitablemente a admitir que detrás o sobre el yo consciente, debe haber un centro espiritual permanente, el verdadero Yo. Este Yo espiritual es fijo e inmutable, no afectado por el flujo de vida psíquica, ni por condiciones corporales. El yo personal consciente ha de considerarse como meramente el reflejo, una proyección del Yo espiritual en el plano de la personalidad.

Volviendo a nuestra analogía cinematográfica, diremos que el Yo espiritual corresponde al manantial de luz, la lámpara cuya luz blanca se proyecta sobre la pantalla. En nuestro diagrama esa relación se indica por el punto que representa nuestro yo normal, situado en el centro del campo de nuestra consciencia de vigilia y conectado por una línea de trazos (representando el rayo o hilo descendente) con la estrella situada en la parte superior, que representa al Yo espiritual.

El diagrama nos ayudará a relacionar dos hechos que, a simple vista parecen contradecirse y excluirse el uno al otro, a saber:

l.- La aparente dualidad, la existencia de dos yoes en nosotros. En efecto, prácticamente hablando, es como si existieran dos egos; porque el yo normal, por lo general, prescinde del otro, tanto en la práctica como en teoría, y este otro, el verdadero Yo, es latente y no se revela directamente a nuestra consciencia.

2.- La unidad real e individual del yo. No existen dos yoes o entidades independientes y separadas. El Yo
es Uno, sólo que se manifiesta en diferentes grados de consciencia y de auto comprensión.,

El reflejo es distinto del manantial luminoso, pero no tiene realidad en sí mismo; no tiene verdadera substancialidad autónoma, no es una luz nueva y diferente.

Este concepto de la estructura del ser aunque comprende, coordina y dispone, en una visión integral, todos los datos adquiridos de diversas observaciones y experiencias, nos proporciona un conocimiento más completo del drama humano, de los conflictos y problemas que cada uno de nosotros tiene que solucionar, indica los medios por los cuales los podremos resolver y nos señala el camino de la liberación.

En nuestra vida ordinaria, es decir, como simples personalidades conscientes, estamos limitados y sujetos de mil maneras, presos de mil ilusiones y fantasmas, esclavos de mil demonios internos, llevados de aquí para allá por incontables influencias externas, cegados e hipnotizados por infinidad de influencias engañadoras.

No es extraño que, en tal condición, el hombre se sienta inquieto, descontento e inestable en sus sentimientos, pensamientos y acciones, pues, sabiendo intuitivamente que es Uno, se encuentra dividido en sí mismo de tal manera que no se comprende, ni comprende a los demás.

No hay que maravillarse de que, no entendiéndose, no se domine a sí mismo y se vea continuamente envuelto en las redes de sus propios errores y debilidades., Nada de extraño tiene que tantas vidas sean
un fracaso, o que estén limitadas y ensombrecidas por numerosas enfermedades mentales y físicas, atormentadas por la duda, el desaliento y la desesperación.

Es explicable que el hombre en su apasionada y ciega persecución de libertad y satisfacción, se revele, a veces violentamente, y trate de acallar sus tormentos internos precipitándose a una vida de actividad febril, excitación constante, emociones violentas y aventuras temerarias.

Veamos si es posible resolver este problema central de la vida, humana y de qué manera podemos curar esta dolencia fundamental del hombre. Veamos cómo puede él mismo liberarse y alcanzar paz, armonía y poder. Ciertamente, la tarea no es sencilla ni fácil; pero los buenos resultados. obtenidos por quienes han empleado métodos adecuados y apropiados demuestran que es posible realizarla.

Las etapas para la realización de esta gran obra pueden enumerarse como sigue:

1.- Un conocimiento completo de la propia personalidad.

2.- Dominio de los diversos elementos.

3.- Comprensión del verdadero Yo o, por lo menos, la creación de un centro unificador.

4.- Psicosíntesis : la formación o reconstrucción de la personalidad alrededor del nuevo centro.

Examinemos ahora cada una de esas etapas sucesivamente.

1.- El Conocimiento completo de la propia Personalidad
Hemos admitido que, para conocernos realmente a nosotros mismos, no basta practicar un inventario de
los elementos que constituyen nuestro ser consciente, sino que necesitamos llevar a cabo una extensa exploración de las vastas regiones de nuestra subconsciencia.

Primeramente, debemos descender valientemente a los abismos de nuestra subconsciencia inferior, a fin
de descubrir las fuerzas negras que nos engañan y nos amenazan, las imagenes ancestrales o de la niñez, que nos obsesionan y que, silenciosamente, nos dominan, los temores que nos paralizan, los vampiros internos que minan nuestra vida, los conflictos que desgastan nuestras energias. Esto lo podemos hacer gracias al conocimiento y a los métodos del psicoanálisis.

Aunque esa investigación puede hacerla uno mismo, será más fácil sí se cuenta con la ayuda de otros. En cualquier caso, el método debe aplicarse de manera científica, con objetividad e imparcialidad, sin dejarse influenciar por teorías preconcebidas y sin permitir que la encubierta o violenta resistencia de nuestros temores, de nuestros deseos o vínculos sentimentales nos desvíen o nos detengan.

La obra de Freud, y de los que le siguen, generalmente no pasa de aquí; pero.como hemos visto antes, es una limitación arbitraria e injustificada. Es necesario explorar también la consciencia intermedia y la superconsciencia. De esa manera descubriremos en nosotros aptitudes desconocidas, nuestras verdaderas inclinaciones, nuestras elevadas potencias las que nos impulsan a que les demos expresión, pero las que frecuentemente repelemos y réprimimos, por falta de comprensión, o a causa de prejuicios o temor.

Descubrimos también la inmensa reserva de energía psíquica indiferenciada que existe latente en cada uno de nosotros, la subconsciencia plástica que tenemos a nuestra disposición, nuestra infinita capacidad para aprender, el fiel servidor interno, capaz de trabajar en nuestro provecho, como así lo hace ya sin que lo sepamos, pero que trabajaría más y mejor si supieramos apreciar su naturaleza, sus leyes y sus ritmos y cooperáramos inteligentemente con él.

2.- Dominio de los varios elementos de la Personalidad
Después de haber descubierto todos esos elementos, tenemos que tomar posesión de ellos y adquirir el dominio sobre los mismos. El método fundamental, mediante el cual podemos adquirir este dominio, es el
de desidentificación. Este está basado en un principio psicológico central, el que puede formularse como sigue: Estamos dominados por todo aquello con lo cual nuestro Yo llega a identificarse. Podemos dominar y regular todo aquello de lo cual nos desidentifiquemos

En este principio yace el secreto de nuestra esclavitud o de nuestra líberación. Cada vez que nos identificamos con una debilidad, una falta, un temor o cualquier otra emoción personal, nos limitamos y paralizamos a nosotros mismos. Cada vez que confesamos: Estoy desanimado, o Estoy irritado nos sentimos más y más dominados y. arrastrados por la depresión o la ira. Al admitir esas limitaciones, nos ponemos nosostros mismos las cadenas.

Diagrama 2


En cambio, si en una situación parecida declaramos Una ola de desalíento trata de sumergirme o Un impulso de ira trata de dominarme la situación es muy diferente. Hay entonces dos fuerzas que se enfrentan: de un lado nuestro Yo vigilante, del otro lado, el desaliento o la ira. El Yo no se somete a esa invasión; es capaz de observar objetiva y analíticamente los impulsos de desaliento o de ira; puede buscar su origen, prever sus malos efectos y apreciar su falta de fundamento.

Esto es, con frecuencia, lo suficiente para resistir el ataque de tales fuerzas, dispersarlas y ganar la batalla. Pero, aun en el caso de que el enemigo interno sea momentáneamente más fuerte y consiga, al principio, dominar a la personalidad consciente por la violencia del ataque, el Yo vigilante nunca es realmente dominado. Puede retirarse a una fortaleza màs interna y allí prepararse y esperar el momento favorable para el contra-ataque. Es posible que pierda algunas batallas, pero si no abandona las armas y no se rinde, al final la victoria será suya sin condiciones ni limitaciones.

En efecto, además de repeler uno a uno los ataques que lleguen del subconsciente, podemos aplicar un método más fundamental y decisivo. Podemos atacar las causas profundamente arraigadas, y de esta manera arrancar el mal de raíz. Esta cura radical puede dividirse en dos fases:

a) La desintegración de las imágenes y complejos dañosos.
b) El dominio y utilización de las energías así liberadas.

El Psicoanálisis ha demostrado que el poder de estas imágenes y complejos está, principalmente, en que somos inconscientes de ellos, en que no los reconocemos como tales. Una vez desenmascarados y comprendidos, se resuelven en sus elementos y frecuentemente dejan de obsesionarnos. En todo caso somos más capaces de defendernos de ellos.

Para desintegrarlos y disolverlos hemos de emplear el método ya mencionado de objetivación, de análisis crítico y de discernimiento; es decir, observaciones impersonales y desapasionadas, como si se tratara de algo extraño a nosotros mismos, de meros fenómenos naturales, interponiendo un espacio psicológico entre nosotros y ellos; manteniendo esas imágenes o complejos, a cierta distancia, por así decirlo, y entonces considerar tranquilamente su origen, su naturaleza y su estupidez.

Es bien sabido que el exceso de crítica y análisis tiende a paralizar, y hasta a matar, nuestras emociones y sentimientos. Este poder, que frecuentemente se emplea sin discernimiento y perniciosamente en contra
de nuestros sentimientos más elevados y poderes creadores, debería. emplearse en cambio para librarnos de pasiones, impulsos y tendencias indeseables.

Pero el análisis, y la crítica no son siempre suficientes. Existen en nosotros ciertas fuerzas instintivas, ciertos elementos vitales que no se conquistan con el mero análisis. Son adherencias que, aunque las menospreciamos y condenamos, persisten obstinadamente. Queda, de todos modos, el problema de las energías emocionales e impulsivas que, una vez desprendidas de los complejos o desviadas de sus cauces primitivos, crean en nosostros un estado de agitación y desasosiego y toman un rumbo indeseable. De consiguiente, no hay que dejar esas energías libradas a sí mismas, sino emplearlas en forma que no dañen, o mejor todavía, con fines constructivos para reconstruir nuestra personalidad, para contribuir a nuestra psicosíntesis. Pero para realizar esto debemos empezar por el centro; debemos haber estabilizado y haber dado eficacia al principio unificador y regulador de nuestra vida. Consideremos ahora la tercera etapa.

3.- La Realización de nuestro verdadero Yo, el descubrimiento o la creación de un centro unificador
Apoyándonos en lo que hemos dicho de la naturaleza y poderes del Yo, no es difícil señalar la solución teórica del problema. Lo que debemos. conseguir es la expansión de la consciencia personal, unirla con la del Yo espiritual; unir el el yo inferior al Superior. Pero esto, que se expresa tan fácilmente en palabras es, en realidad, una tremenda tarea; significa trascender completamente el reino humano y transformarse en
un verdadero ser espiritual.

Es una empresa grandiosa; pero, ciertamente, larga y ardua para lo cual no todos estamos preparados. Pero entre el punto de partida en las honduras de nuestra consciencia de vigilia y las brillantes alturas de la realización de nuestro Yo espiritual, existen muchas fases intermedias, muchas mesetas de variadas altitudes, en las cuales el hombre puede descansar y aún habitar temporalmente, si la escasez de sus fuerzas así lo exige, o su voluntad decide no ascender más arriba.

En casos favorables, ese ascenso se realiza, en cierto grado espontáneamente, mediante un proceso de desarrollo interno natural, determinado por las complejas experiencias de la vida; pero frecuentemente este proceso es muy lento; aunque en todos los casos puede ser activado y acelerado considerablemente mediante nuestra acción consciente y deliberada.

Los estados intermedios implican nuevas identificaciones. Las personas que no puedan alcanzar a su verdadero Yo, en su esencia espiritual pura, y hayan de permanecer en la esfera de la vida y de las actividades humanas, deben crear una imagen y un ideal de personalidad perfeccionada ajustada a su condición, grado de desenvolvimiento y tipo psicologico. De consiguiente, crear un ideal alcanzable en su vida presente.

Para algunos será el ideal del artista, que se manifiesta y expresa como creador de cosas bellas, que hace del arte el interés más vital y el principio activo de su existencia, concentrando en él todas sus mejores energías, subordinándole y, si es necesario, sacrificándole, todos los demás intereses y deseos.

Para otros, será el ideal de quien busca la Verdad; el filósofo, el científico. Aun para otros será un ideal más limitado y personal; pero que también es dificil de alcanzar, el de un padre o una madre perfectos.

Estos modelos de ideal implican, como es evidente, relaciones activas con el mundo exterior, con otros seres humanos; es decir, un cierto grado de extraversión.

Tenemos, por otra parte, personas que son extremadamente extraversas y llegan, por así decirlo, a proyectar el centro vital de su personalidad fuera de ellos mismos. Los siguientes son dos ejemplos típicos de esa proyección.

El uno es el patriota ardiente qué se entrega enteramente a su amada patria, la que se convierte en el centro de su vida e interés. Casi todos sus pensamientos y sentimientos están polarizados hacia ese objeto por el que está dispuesto a sacrificar su misma vida. El otro ejemplo es de la mujer que se identifica con el hombre que ama, vive para él y es absorbida por él. La mujer hindú de antaño consideraba a su esposo no sólo como su dueño en la tierra, sino que le adoraba, además, como Maestro, su Guru, y casi como a su dios.

Esta proyección externa del propio centro, esta excentricidad, en el sentido etimológico de la palabra, no debe ser menospreciada. Aunque no representa el sendero más directo y elevado; puede, a pesar de las apariencias, constituir de momento una forma adecuada de auto realización. En los casos más favorables,
el individuo no se sumerge o anula realmente a sí mismo en el objeto externo sino se libera, de esa manera, de intereses egoístas y limitaciones personales; se encuentra a sí mismo por conducto del ideal o ser externo.

Este último viene a ser un eslabón indirecto, pero efectivo; un punto de conexión entre el hombre personal
y su Yo Superior, quien se refleja y está simbolizado en ese objeto.

Tenemos luego las personas religiosas, especialmente el místico de tipo devocional, que eligen a Dios como centro de su interés y su amor, considerándolo como un Ser exaltado dotado de sublimes características personales, al que aspiran a unirse.

4.- Psicosintesis. La formación y reconstrucción de la nueva Personalidad
Una vez que se ha encontrado o se ha creado el centro unificador, estamos en condiciones de construir una nueva personalidad alrededor del mismo; una personalidad coherente, organizada, unificada. Esta es la verdadera Psicosíntesis. Este proceso tiene también varias etapas. La primera es decidir el plan de acción, formular el programa interno. Debemos visualizar el propósito que debemos alcanzar, es decir, la nueva personalidad que deseamos desarrollar, tabular y obtener una clara comprensión de las diversas tareas parciales que debemos llevar a cabo.

Algunas personas tienen una clara visión de su objeto desde el principio. Son capaces de formar una imagen precisa de sí mismos, tal como desean y se proponen ser. Esta visión es una fuerza y una ayuda; facilita la tarea, eliminando dudas y errores, concentrando las energías, y proporcionando la ayuda del gran poder sugestivo y creador inherente a la imagen precisa mantenida ante la visión mental.

Otros individuos, por el contrario, cuya mentalidad está menos desarrollada, y cuya naturaleza psíquica es más plástica; siguiendo espontáneamente indicaciones e intuiciones, más bien que planes definidos, encuentran difícil la formulación de tal programa; la construcción del modelo es una labor que les desagrada positivamente. Su tendencia es dejarse guiar por el Espíritu Interno y la voluntad de Dios, dejando que Él decida lo que deben ser. Consideran que llegarán más fácilmente a la meta, si van eliminando el mayor número posible de obstáculos y resistencias inherentes a la personalidad; ensanchando el canal de comunicación con el Yo Superior, por aspiración y devoción, y dejando que actue el poder creador del Espiritu, en el que confían y al que obedecen.

Ambos métodos son eficaces y cada uno es adaptado al tipo correspondiente. Pero es útil conocer, valorar y utilizar ambos métodos en cierta medida, y de esa manera evitar las limitaciones y exageraciones de cada uno, corrigiéndolo y enriqueciéndolo con elementos tomados del otro.

Así, los que sigan el primer método deben evitar que su imagen del ideal sea demasiado rígida; han de estar dispuestos a modificarla o ampliarla, y hasta cambiarla enteramente, si futuras experiencias, más amplia visión o nueva luz indican y aconsejan el cambio. Por otra parte, los que sigan el segundo método, deben guardarse de hacerse excesivamente pasivos y negativos y de tomar como intuiciones y altas inspiraciones ciertos impulsos que, en realidad, son efectos de deseos y fantasías subconscientes. Además, habrán de desarrollar el poder de mantenerse firmes durante las fases inevitables de aridez y oscuridad internas, durante las cuales se interrumpe la comunión consciente con el centro espiritual y la personalidad queda librada a sí misma.

Los modelos o imágenes, de ideal que uno puede crear son muchos; pueden, sin embargo, dividirse en dos grupos principales. El primero comprende a aquellos que tienden a un desarrollo armónico, a la perfección personal y espiritual en todo sentido. Esta clase de ideal es la preferida, principalmente, por el introvertido.

El segundo grupo comprende lo que podríamos llamar cualidades especializadas. El propósito, en este caso, es el máximo desarrollo de una facultad, una cualidad o un poder, correspondiente a la línea determinada de expresión o servicio que el individuo haya elegido. El ideal del artista, del lider político, del maestro, del apostol de una buena causa, etc., son modelos escogidos por los extravertidos.

Una vez que se ha elegido la forma del ideal, empieza la verdadera Psicosíntesis; la formación de la nueva personalidad. Podemos dividir la obra en tres partes principales:

a) La utilización de nuestras energías, las fuerzas liberadas por el proceso procedente de análisis y desintegración de los complejos y adherencias subconscientes, y de los poderes, aptitudes y tendencias latentes, pero hasta entonces descuidados o reprimidos, que existen en los diversos niveles internos. Esta utilización demanda la transformación de muchos de esos elementos y fuerzas. Su plasticidad y mutabilidad fundamental hace esa transformación posible. Es un proceso que se efectúa constantemente dentro de nosotros. De la misma manera que el calor se transforma en movimiento y energía eléctrica y viceversa,
así también nuestros impulsos y emociones se trasmutan en acciones externas o en actividades imaginativas o intelectuales; las ideas despiertan emociones, o se transforman en planes y luego en accción, etc.

En el Yoga del oriente, en el ascetismo y misticismo cristiano y en las obras de alquimia espiritual se encuentran importantes enseñanzas y ejemplos, en relación con la doctrina y práctica de la transformación de las energías internas. El psicoanálisis ha contribuído a su vez con algunos aspectos nuevos. Tenemos, pues, elementos suficientes para la formación de una verdadera ciencia de las energías psicológicas, que bien podría llamarse Psicodinámica y una técnica adecuada y segura, para producir las transformaciones deseadas en nosotros mismos y en los demás.

b) La segunda parte de la Psicosíntesis comprende el desarrollo de los elementos que son insuficientes o inadecuados para el objeto que queremos alcanzar. Este desarrollo puede efectuarse de dos maneras: por medio de la evocación directa, autosugestión y afirmación creadora; o por el entrenamiento metódico de las facultades débiles o faltas de desarrollo; un entrenamiento muy similar al empleado en la cultura física, o
en el desarrollo de la habilidad técnica, como para tocar el violín, cantar, etc.

c) La tercera parte de la Psicosíntesis comprende la coordinación y subordinación de las diversas energías y facultades psicológicas en la creación de la jerarquía interna, o sea, la sólida organización de la personalidad. Este orden y regimen internos representan interesantes y sugestivas analogías con las de un estado moderno, con los diversos agrupamientos de los ciudadanos en ciudades, clases sociales, comercios y profesiones, la diferentes categorías de funcionarios municipales, provinciales y estatales.

Tales son, en breve delineamiento, los procesos por los cuales se llega a la Psicosíntesis. Debo, no obstante, hacer presente que las diversas etapas y los varios métodos mencionados estan íntimamente correlacionados y no han de seguirse necesariamente el uno al otro en rígida sucesión de periodos o etapas distintas. Hablamos frecuentemente de la construcción de la personalidad. Esta analogía es exacta, pero no ha de llevarse demasiado lejos o darle un significado demasiado material o literal. El ser humano viviente no es un edificio en el que primero se construyen los cimientos, luego se levantan los muros y finalmente
se cubre con el techo.

La ejecución de un vasto plan interno de Psicosíntesis puede empezar en varios lados y ángulos a la vez, y los diferentes métodos y actividades pueden alternarse inteligentemente, en ciclos más o menos prolongados, de acuerdo con las circunstancias externas y las condiciones internas. Esto puede parecer algo formidable al principio, pero no hay razón para vacilar o acobardarse. Ciertamente, la tarea puede hacerse más fácil con la ayuda de un instructor competente pero, en cambio, por los propios esfuerzos y los propios errores, se adquiere más extenso y profundo conocimiento.

Contando con la instrucción teórica preliminar de los principios psicológicos, las leyes que comprende y la técnica que habrá que aplicar, lo demás es cuestión de práctica, inteligencia e intuición, y estas se desarrollan paralelamente con las necesidades, la constancia o el interés con que llevamos a cabo la empresa.

Si ahora consideramos a la Psícosíntesis en conjunto, con todas sus implicaciones y desenvolvimientos, veremos que no ha de considerarse como una doctrina psicólógica particular ni como una simple rutina técnica. Es, principalmente, una concepción dinámica y, me atrevo a decir, dramática, de nuestra vida psicológica; la que presenta como una constante interacción y conflicto entre las muchas y diferentes fuerzas opuestas y un centro unificador que tiende siempre a dominarlas, armonizarlas y utilizarlas.

La Psicosíntesis es, además, una combinación plástica de varios métodos de acción interna; dirigida, primero, al desenvolvimiento y perfeccionamiento de la personalidad y después a la coordinación armónica y unificación cada vez más íntima con el Yo Espiritual. Estas dos fases pueden dominarse Psicosíntesis personal y Psicosíntesis espiritual respectivamente.

Según sean las esferas de actividad a que se aplique y los diferentes objetos que haya de servir, la Psicosíntesis es, o puede ser:

1 – Un método de autodesenvolvimiento psicológico y espiritual.
Para aquellos que no estén dispuestos a continuar siendo. esclavos de sus propios fantasmas internos, influencias externas; ni a someterse pasivamente a la acción de sus energías psicológicas, sino que han decidido ser los dirigentes de su mundo interno.

2.- Un método para curar enfermedades nerviosas y desarreglos psicológicos.
Tal método parece ser necesario cuando la causa del desarreglo es el conflicto, violento y complicado, entre grupos de fuerzas conscientes y subconscientes; o cuando se debe a crisis profundamente arraigadas y atormentadoras (generalmente mal comprendidas y juzgadas por el mismo paciente) que a menudo proceden al despertamiento de la consciencia del alma, o a alguna fase importante del desenvolvimiento espiritual.

3.- Un método de educación integral.
Que tienda no sólo a favorecer el desenvolvimiento de las diversas facultades del niño o del adolescente, sino que le ayude a descubrir y comprender su verdadera naturaleza espiritual y a desarrollar, bajo su guía, una personalidad armónica, eficiente y segura de sí misma.

La Psicosíntesis puede considerarse como la expresión individual de un príncipio más amplio, de una ley general de inter individualidad y síntesis cósmica.

En efecto, el individuo aislado no existe. Lo sepa o no, tiene relaciones íntimas de interdependencia y subordinación con otros individuos y con la Realidad espiritual y super individual. Así, invirtiendo la analogía ya mencionada, cada hombre ha de considerarse un elemento o célula de un grupo humano, el que, a su vez, forma asociaciones con grupos más extensos y complejos: el grupo de la familia, los urbanos y provinciales, las clases sociales; los trabajadores y las asociaciones corporativas y los grandes grupos internacionales y, por fin, la entera familia humana.

Entre esos individuos y grupos se suscitan problemas y conflictos, que son curiosamente similares a los que se suscitan en cada individuo; cuya solución se busca de la misma manera y se corrigen por los mismos métodos que se han indicado para llegar a la Psicosíntesis individual.

Un amplio y concreto estudio de este paralelismo puede, en nuestra opinión, resultar muy iluminador y ayudarnos a descubrir la profunda significación y valor real de tantos ensayos de organización y síntesis
de naturaleza práctica o espiritual que se están intentando ahora entre los diversos grupos nacionales, sociales y religiosos.

Desde un punto de vista más amplio y comprensivo, la misma vida universal se nos revela como una lucha entre la multiplicidad y la unidad en forma de esfuerzo y aspiración a la unión. Parece como si percibiésemos que Dios, por medio de su Espiritu, activo en la creación, está tratando de perfeccionarla en orden, belleza y armonía y de unir con lazos de amor a los seres humanos entre sí y a Sí mismo (algunos de ellos deseosos y dispuestos; pero la mayoría todavía ciegos y rebeldes); como si Él estuviese realizando lenta y silenciosamente, pero potente y irresistible, la Suprema Síntesis.

Roberto Assagioli
Extractado por Farid Azael de
Assagioli, Roberto.- Psicoanálisis y Psicosíntesis
Centro de Estudios Sophia.- Barcelona.